una historia
Publicado: 04 Ene 2006, 20:40
Os voy a contar una historia:
Ayer, escuchando un programa de radio de música clásica, se leyó en el mismo la carta de un oyente, decía más o menos así:
“Desde hace unos años, mi familia y yo pasamos el verano en una casa de campo. Las primeras horas de la tarde transcurrían lánguidas y soporíferas bajo el sol meseteño. Quienes no echábamos la siesta adquirimos la costumbre de retirarnos a descansar entre la umbría de un bosquecillo pertrechados de sillas y una radio. Todas las tardes sintonizábamos en el aparato su programa y nos deleitábamos con la música de Mozart, Haydn, Grieg, Haendel, …
Un día, observamos con sorpresa como un lagarto salía de la espesura y se acercaba a la radio. Se quedaba inmóvil junto a ella con una actitud que semejaba una escucha atenta, casi embelesada. Esto se repitió tarde tras tarde ante nuestro asombro. Pensamos que quizá le llamaba la atención el olor del aparato pero cuando estaba apagado no acudía. Cambiamos de sintonía y el lagarto faltaba a su cita. Pero en cuanto sonaba la música clásica de su programa, el reptil salía de su escondite y permanecía junto a la radio como ensimismado.
El lagarto, con su particular afición, pronto se convirtió en la estrella de todas las tardes y cada vez más personas nos reuníamos a la hora de su programa para esperar la aparición del animal. Y en efecto, él nunca faltaba a su cita.
Cuando volvimos el verano siguiente había una gran expectación en toda la familia por comprobar si el lagarto seguiría fiel a su cita. Y sí, allí apareció cada tarde para no perderse su hora musical.
El verano pasado cambiamos de lugar de vacaciones. Y cada tarde no dejé de pensar en aquel lagarto melómano privado de su filarmónica devoción...”
Esta es la historia. Me sugirió un haiku pero se me escapó, como ese lagarto esquivo. Lo único que se me ocurre es esto:
suena la música,
y como cada tarde
se acerca el lagarto
Se aceptan sugerencias.
Ayer, escuchando un programa de radio de música clásica, se leyó en el mismo la carta de un oyente, decía más o menos así:
“Desde hace unos años, mi familia y yo pasamos el verano en una casa de campo. Las primeras horas de la tarde transcurrían lánguidas y soporíferas bajo el sol meseteño. Quienes no echábamos la siesta adquirimos la costumbre de retirarnos a descansar entre la umbría de un bosquecillo pertrechados de sillas y una radio. Todas las tardes sintonizábamos en el aparato su programa y nos deleitábamos con la música de Mozart, Haydn, Grieg, Haendel, …
Un día, observamos con sorpresa como un lagarto salía de la espesura y se acercaba a la radio. Se quedaba inmóvil junto a ella con una actitud que semejaba una escucha atenta, casi embelesada. Esto se repitió tarde tras tarde ante nuestro asombro. Pensamos que quizá le llamaba la atención el olor del aparato pero cuando estaba apagado no acudía. Cambiamos de sintonía y el lagarto faltaba a su cita. Pero en cuanto sonaba la música clásica de su programa, el reptil salía de su escondite y permanecía junto a la radio como ensimismado.
El lagarto, con su particular afición, pronto se convirtió en la estrella de todas las tardes y cada vez más personas nos reuníamos a la hora de su programa para esperar la aparición del animal. Y en efecto, él nunca faltaba a su cita.
Cuando volvimos el verano siguiente había una gran expectación en toda la familia por comprobar si el lagarto seguiría fiel a su cita. Y sí, allí apareció cada tarde para no perderse su hora musical.
El verano pasado cambiamos de lugar de vacaciones. Y cada tarde no dejé de pensar en aquel lagarto melómano privado de su filarmónica devoción...”
Esta es la historia. Me sugirió un haiku pero se me escapó, como ese lagarto esquivo. Lo único que se me ocurre es esto:
suena la música,
y como cada tarde
se acerca el lagarto
Se aceptan sugerencias.